De refugiados a transterrados: El exilio republicano español en México (1939-1945)

Buque El Sinaia en el puerto de Veracruz, 13 de junio de 1939.
Aleks NARVÁEZ ESPINOZA[1]

Introducción

Tras los convulsos años de las primeras décadas del siglo XX en México, a causa del proceso de la Revolución mexicana y la serie de políticas de transformación social y económica llevada a cabo por sus líderes revolucionarios empeñados en reafirmar su identidad nacional así como en buscar modernizar al país. México se decide por abrazar como referente principal a su pasado indígena y romper con lo que considera un lastre y la tragedia de su historia, que es su herencia hispánica, desde su inicio con la conquista a la etapa colonial e identificada principalmente en la religión católica, a todo este proceso político y cultural se vería afectada la numerosa colonia de emigrados españoles que se habían establecido en México y que desde principios del siglo XX habían sufrido con los procesos revolucionarios así como el hostigamiento y ataques a sus propiedades, aunado a esto, con el proceso de la guerra cristera (1926-1929), en donde esta corriente de hispanofobia se veía identificada en los propios textos de historia educativos llevando incluso a problemas diplomáticos. Sin embargo, la relación política y social entre México y España cambiaría sustancialmente con la proclamación de la II República española el 14 de abril de 1931, al generarse enorme empatía entre los grupos liberales y progresistas mexicanos con la naciente república española en la cual encontrarían grandes coincidencias a la hora de crear una nación en donde la reforma agraria, los derechos sociales de los obreros y campesinos junto con la educación y el Estado laico fueran las metas comunes. El inicio de la guerra civil en España el 18 de julio de 1936 no dejó de manos cruzadas al gobierno de México encabezado por el general Lázaro Cárdenas quien desde el primer momento puso todos sus recursos a su disposición en apoyo a la II República española y al ser derrotada está en dar albergue al numeroso grupo de exiliados que partieron a hacia México en espera de un retorno pronto a su patria, pero que para la gran mayoría terminó siendo una estadía permanente, pero que termino al final contribuyendo a la sociedad y la vida intelectual de país de manera relevante.

La visión de España antes de la guerra civil española

Terminada la etapa de los conflictos revolucionarios en México de 1910 y bajo el acuerdo de los principales líderes revolucionarios sobrevivientes al conflicto que tomaron el poder, se decidió llevar a cabo un intento de refundación de la nación mexicana donde la identidad de la patria estaba fuertemente identificada con el indígena y su cultura, los deseos de reforma y transformación de la sociedad mexicana del pasado conservador de la época de Porfirio Díaz llevaron a la creación de la constitución de 1917 en donde los postulados de la revolución querían llevar a cabo una profunda transformación de la sociedad, la eliminación de los antiguos poderes y principalmente de la Iglesia Católica, llevaron a generar una corriente nacionalista profundamente indigenista que tomó posturas abiertamente anti españolas en donde el pasado nefasto de la nación era identificado con la conquista y colonia española. Por ello el rompimiento abierto con su herencia española, conjuntamente se llevó a cabo una política anticlerical tanto en lo educativo como en lo público. Es en este contexto donde la numerosa colonia española en México se ve acosada donde las propiedades, fincas y negocios de los españoles residentes son tomadas por los campesinos mexicanos. Es en esta ola de nacionalismo mexicano que se hace explícito en los textos educativos donde se ataca a España directamente como la causante de todos los males de la historia de México. Esto llevó a protestas del propio embajador de España.[2]

A ello la conflictividad con la sociedad mexicana y el gobierno se hizo más fuerte una vez iniciado el famoso conflicto cristero (1926-1929) en donde campesinos católicos se levantaron en armas contra las políticas anticlericales del gobierno y causaron serios conflictos al gobierno del presidente Plutarco Elías Calles. Es cierto que también hubo cierta simpatía de algunos colonos españoles[3] pero que oficialmente no pudieron tomar partido a favor de ella, a fin de evitar las represalias gubernamentales. La Situación de las relaciones con España mejoró considerablemente a partir del 14 de abril de 1931 con la partida al exilio del rey de España Alfonso XIII y la Instauración de la II República en España[4] en donde las coincidencias de los programas políticos revolucionarios entre ambas naciones hacen que mejoren las relaciones particularmente con la ayuda del embajador republicano Julio Álvarez de Vayo quien se encargaría de promover entre los colonos y el gobierno de México las bondades que llegarían con la naciente República española.

México y la guerra civil española

El inicio del conflicto civil en España pudo verse en México de manera ciertamente análoga entre los hechos ocurridos en él durante los años de la revolución mexicana y los conflictos posteriores a esta, principalmente en lo referente a las luchas y transformaciones sociales que vivió así como en el profundo conflicto que significó el tratar de eliminar el latifundio y la fuerte influencia de la Iglesia Católica dentro de la sociedad.[5] Esta situación no solo atrajo la atención de la numerosa colonia española residente en México sino del propio gobierno y la opinión pública mexicana sobre el desarrollo del conflicto ibérico, donde las luchas entre las trincheras de las fuerzas conservadoras y las revolucionarias en España terminaron trasladándose también a México al polarizar las posiciones de la sociedad Mexicana entre conservadores y liberales (Ojeda, 2009). 

Mientras que la mayor parte de la colonia española de tradición monárquica, católica y conservadora daba su apoyo abierto a la sublevación militar acaudillada por el general Francisco Franco, para quienes él representaba la defensa de los valores tradicionales del hispanismo conservador que eran: la defensa del orden, la unidad de la patria y la religión católica. Sin embargo, el cuerpo diplomático español acreditado en México por el Dr. Félix Gordon Ordaz mantuvo su lealtad al gobierno republicano del Frente Popular elegido en las elecciones de febrero de 1936. La embajada de la República Española en México fue la que mantuvo una campaña a favor de la lucha del gobierno republicano frente a la acción de los militares alzados en armas contra su gobierno quienes estaban apoyados por las fuerzas conservadoras y reaccionarias de España: La Iglesia católica, los latifundistas, monárquicos, carlistas y falangistas. La embajada española no estaría sola en esta campaña a favor de la España republicana sus principales aliados los encontró en los partidos y sindicatos de izquierda mexicanos quienes no dudaron en prestar tempranamente su apoyo a la República española comenzando por el propio partido del general Lázaro Cárdenas, quien al principio no se pronunció sobre el conflicto, pero su partido el PNR (Partido Nacional Revolucionario) hizo una declaración oficial por el presidente del partido y ex presidente de México Emilio Pórtez Gil el 19 de julio de ese año donde daba «su solidaridad absoluta al gobierno socialista de España ante la deslealtad de los militares». Posteriormente sería el propio Lázaro Cárdenas quien daría su apoyo explícito al gobierno republicano español (Ibíd.: 124).

Lázaro Cárdenas haría efectiva su ayuda a la España Republicana mediante tres hechos relevantes: la venta de armas tanto propias como extranjeras para el esfuerzo de guerra republicano, por medio de su respaldo ideológico en sus medios oficiales haciendo campaña a favor de la causa republicana en su principal órgano de difusión que fue el diario Nacional y en los medios diplomáticos convirtiéndose en la veladora de los intereses de la República ante la Sociedad de Naciones denunciando por medio de sus representantes: Narciso Bassols e Isidro Fabela respectivamente, el apoyo abierto de las potencias fascistas de Alemania e Italia a favor de Franco y el aislamiento al que fue dejada por Francia e Inglaterra así como en países extranjeros (Velázquez, 2010). 

A estos apoyos oficiales por parte del gobierno mexicano se adhirieron el Partido Comunista Mexicano, la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores) mexicana, la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) y los ciudadanos españoles simpatizantes de la República organizados en el Frente Popular mexicano, que llevaron a cabo una serie mítines, conferencias y actos oficiales junto a los representantes de la Embajada española. A este tipo de apoyos gubernamentales y de partidos políticos se unirían luego el de los voluntarios mexicanos que partieron para España a luchar contra las fuerzas franquistas enrolados en las Brigadas Internacionales (Campos, 2008) así como el apoyo de intelectuales y artistas antifascistas a favor de la causa republicana, entre ellos: Octavio Paz, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera entre otros.[6]

De todas estas acciones a favor de la República española del Frente Popular la que mayor connotación tendría anterior al final del conflicto sería el recibimiento en junio de 1937 de los niños hijos de republicanos evacuados desde España en lo que se les conocería como los «niños de Morelia» lugar al cual fueron destinados para estar a salvo de las penurias de la guerra y donde tendrían educación y aprenderían un oficio hasta su retorno a España al finalizar la guerra civil. La llegada de estos niños tuvo una trascendencia política y en los medios impresos. Tanto a favor de ellos, por parte de la prensa gobiernista así como en su contra por la opositora y conservadora para quienes los niños de Morelia eran hijos de rojos, lamentablemente los actos vandálicos de algunos de ellos contra las Iglesias católicas de la zona reforzarían esta impresión sobre ellos, aunque varios de estos chicos terminaron siendo acogidos por las familias conservadoras españolas afectas al franquismo que terminaron dándoles hogar y formación religiosa a muchos de ellos (Documental sobre el exilio español en México: Los niños de Morelia, 2013).

La derrota republicana y el inicio del exilio

A finales de enero de 1939 se da por perdida la batalla de Cataluña todo el frente catalán se derrumba frente a las fuerzas del general Franco y Barcelona cae el 25 de enero y se da comienzo a una migración masiva hacia la frontera francesa de miles de refugiados españoles entre civiles y militares temerosos de la venganza de los vencedores ante las noticias de torturas, fusilamientos y violaciones llevadas a cabo por las vanguardias de tropas moras franquistas,[7] así como al acoso de los bombardeos de los cazas rebeldes ya dueños absolutos del aire. Es así como la gran masa humana republicana y el gobierno mismo de la República cruzan la frontera con Francia que ya había abierto su paso a la frontera el 27 de enero de ese año abrumado ante una avalancha humana a la cual se vio obligado a permitir la entrada a su territorio. Una masa humana que tuvo que mantener a regañadientes y que no trató con el mismo humanismo y hermandad con los que una buena parte de la prensa y propaganda francesa (particularmente de la izquierda) sostuvo durante todo el conflicto.[8] Los soldados y civiles fueron separados de sus mujeres y niños siendo internados en campos de concentración, entre alambradas de púas pegados al mar y custodiados por tropas coloniales senegalesas. No conforme con ello, la gendarmería y tropa francesa les incautó todo su armamento y objetos de valor sin excluir a los altos oficiales republicanos: «A Lister incluso le han arrebatado unos prismáticos de campaña, regalo del presidente de México Lázaro Cárdenas, Cuando ha Protestado mostrando la placa con el escudo mexicano y la dedicatoria, le han dejado que conservara la funda como recuerdo».[9]

A partir de este momento solo los grupos privilegiados de gente bien posicionada, políticos republicanos importantes y los dirigentes de los partidos comunista y socialista tendrían las facilidades de las cuales la inmensa mayoría de exiliados no contó apenas ingresados al territorio francés terminando la gran mayoría internados en los campos, teniendo como opciones para terminar esta situación el retorno a la España franquista, ir a campos o cuadrillas de trabajo, terminar como obreros contratados o alistarse en la Legión Extranjera. 

La ayuda de México a los exiliados 

Una vez cerrada la frontera con Francia tras ser ocupada por las fuerzas franquistas el 9 de febrero de 1939, ya hay cerca de 500 000 refugiados españoles en territorio francés con un destino incierto, pues hay una gran negativa por parte del gobierno galo a mantenerlos porque los refugiados españoles les cuestan millones de francos al día al gobierno francés y la prensa católica y de la derecha los califica de «rojos y delincuentes». Es en este contexto y previo al estallido de la Segunda Guerra Mundial que México vuelve a jugar a favor de los exiliados ayudando a las organizaciones creadas en apoyo a ellos por parte del gobierno republicano. La primera de ellas SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) que durante el tiempo que existió de abril de 1939 a junio de 1940 ayudó a embarcar en 10 viajes hacia México a cerca de 7700 personas y el JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles) que duró desde enero de 1940 hasta noviembre de 1943 en 6 embarques llevando a cerca de 2150 persona hacia el mismo destino. Cabe decir que ambas organizaciones estaban controladas respectivamente por los principales líderes socialistas españoles en el exilio: el Dr. Juan Negrín e Indalecio Prieto por quienes una serie de desencuentros durante los mismos años del conflicto español y los oscuros sucesos referentes al escándalo del yate Vita empañaran y dividirán aún más al gobierno republicano en el exilio.[10]

México colaboro desde el inicio de la guerra civil en apoyo a la república española no solo a nivel gubernamental de manera muy activa en varios aspectos el primero fue a nivel de venta de armas y municiones que eran necesarias para el sostenimiento del conflicto así como intermediario clandestino en la compra de ellas, otro medio muy importante fue a nivel diplomático defendiendo la posición de la República ante la Sociedad de las Naciones así como denunciando el apoyo descarado de Alemania e Italia a favor del bando insurrecto, junto al respaldo ideológico ya antes mencionado (Rubio, 1977, 161-167). Cabe decir que México no solo a nivel gubernamental apoyo al régimen republicano español, de manera particular los partidos y sindicatos de tendencia izquierdista hicieron público ese apoyo, del mismo modo artistas e intelectuales del calibre de Diego Rivera y Octavio Paz hicieron. Octavio Paz incluso llego a viajar a Valencia para asistir al II Congreso de Intelectuales Antifascistas sin olvidar mencionar que cerca de unos 300 voluntarios mexicanos llegaron a combatir en las Brigadas Internacionales cayendo un buen número de ellos en el frente de batalla o fusilados al finalizar la guerra.

Con la derrota de la República y los internamientos de miles de españoles refugiados en Francia el enviado del presidente Lázaro Cárdenas el cónsul Gilberto Bosques que en un principio fue a gestionar la migración de perseguidos judíos europeos a México para que ayudaran a desarrollar la economía, se vio obligado a ayudar a los exiliados españoles para quienes la situación había empeorado con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 provocando que el grado de abuso, abandono o explotación de la masa de refugiados españoles creciera por parte de las autoridades francesas.[11] Incluso se vio obligado a organizar lugares de protección para los perseguidos políticos una vez derrotada Francia por los nazis y las solicitudes de expatriación de varios dirigentes políticos republicanos por las autoridades franquistas, con la ayuda de sus antiguos aliados germanos más el gobierno colaboracionista de Vichy, para que volvieran a España para responder los delitos que se les acusaban y pagarlos en la mayoría de los casos con la pena de muerte.[12] Ante esta necesidad Gilberto Bosques y sus sucesores en el cuerpo diplomático mexicano se vieron obligados a arrendar propiedades para establecer a los refugiados y crear oficinas legales para evitar que se diera lugar a las extradiciones, todo esto en coordinación con las organizaciones del SERE y el JARE. Así pues, México demostró sus denodados esfuerzos por apoyar a los exiliados españoles.

La llegada de los exiliados a México

La partida a México para esta masa de «transterrados» como más tarde muchos de ellos se definirían, no se dio según los planes que esperaban realizar tanto los españoles republicanos como las autoridades de México, pues si bien México fue el objetivo principal para muchos exiliados, otros países de Hispanoamérica también dieron acogida a los republicanos aunque no con la relevancia que fue el caso mexicano.[13] México esperaba mano de obra artesanal y profesional para repartirla en todo el territorio mexicano y desarrollar sus proyectos de establecimiento de colonias manufactureras y agrícolas, pero entre la masa de cerca de veinte mil exiliados predominaron más los migrantes por cuestiones políticas (principalmente de dirigentes socialistas y comunistas en detrimento de otros grupos particularmente anarquistas) a ello, añadir que un buen número de los refugiados que llegaron a tierras aztecas en vez de ser campesinos y obreros fueron personas pertenecientes a profesiones liberales entre ellos muchos intelectuales de renombre que terminaron dando una contribución mucho mayor a México. El problema que surgió entre estos nuevos migrantes españoles fue el hecho de que la numerosa colonia española ya residente en México desde mucho antes del estallido de la guerra civil, era en su gran mayoría simpatizante y partidaria del franquismo (Pérez, 1992: 134) la cual desde periódicos mexicanos conservadores mantuvieron una hostilidad abierta contra los primeros refugiados republicanos, Ante ello no se quedó corto la prensa gubernamental siempre favorable a los exiliados a quienes califico como buenos españoles frente a los primeros colonos que eran los malos españoles calificados de “gachupines» quienes a diferencia de los nuevos emigrados que poseían todas las cualidades del hombre progresista y civilizado de occidente que era el modelo al cual debían aspirar a ser todos los mexicanos, los otros colonos representaban todos los defectos que poseían los españoles de la leyenda negra que se mantenían desde la colonia. Esto causó fuertes desavenencias al principio pero la convivencia se logró dar de a pocos a pesar de los enfrentamientos que la propaganda gubernamental se encargó de mantener vivo por un buen tiempo.

Caricatura del Partido Comunista Español radicado en México que denuncia el robo descarado que hizo el antiguo ministro republicano Prieto con el botín del yate Vita que llegó a México con el saqueo de Iglesias y propiedades de particulares y bancos llevados a cabo por orden del propio presidente de gobierno Juan Negrín. 

La situación de los republicanos españoles en México

Los planes del gobierno mexicano para con los exiliados republicanos no estaban acorde con la mayoría del grupo humano que arribó a las costas de Veracruz a finales de los años treinta pues debido a que primaron en la elección de migrantes las cuestiones políticas antes que las profesionales. El gobierno de Lázaro Cárdenas esperaba traer particularmente gente campesina y obrera para colonizar varias zonas del país pero en los barcos como el Siania, el Mexique y el Ipanema primaron más la gente de profesiones liberales y los dirigentes políticos. La situación a pesar de adversa tanto para unos como para otros, terminó favoreciendo de manera tanto cualitativa con cuantitativamente a la vida intelectual mexicana debido al ingente grupo de intelectuales españoles que se afincaron en el territorio llegando a fundar Colegios e Instituciones de estudios académicos de gran significación. Intelectuales de la talla de Luis Cernuda, Max Aub, León Felipe, Juan Gau, Pedro Garfias, Luis Buñuel, Joaquín Xirau, María Zambrano, Adolfo Sánchez Vásquez y muchos más terminaron por enriquecer la vida intelectual, cultural y científica mexicana.

Sin embargo, si bien el grupo perteneciente a la rama intelectual del exilio tuvo la fortuna de poder encontrar trabajo para adaptarse al nuevo ambiente que les tocó vivir tras el final de la guerra civil, en el caso de los otros grupos de migrantes españoles en México el adaptarse y sobrevivir a la nueva vida que les toco llevar tras la guerra fue mucho más duro para ellos. Los establecimientos y colonias agrícolas que implemento el presidente Cárdenas con varios grupos de exiliados fracasaron por carecer de la gente calificada para ello, a esto se añade el hecho de que los grupos de refugiados repartidos en el territorio mexicano se vieron también hostilizados por parte de los ciudadanos mexicanos que ya no los recibían con el entusiasmo inicial de los primeros arribos sino que se sentían desplazados de sus trabajos y muchos españoles no lograron conseguir adaptarse o encontrar trabajo en los otros Estados de México. Debido a ello, es que la gran mayoría retornase a la capital federal para asentarse y esperar poder recibir alguna ayuda de parte de las organizaciones establecidas por el gobierno republicano en el exilio. Incluso el SERE logro establecer por su cuenta por medio del Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles (CTARE) una serie de inversiones agrícolas e industriales llegando también a financiar instituciones educativas y culturales así como entregar subsidios para los primeros grupos de migrantes. Lamentablemente todas estas iniciativas de empresas para dar trabajo a los exiliados fracasaron por varios factores. Uno de esos problemas para ellos fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial donde la atención hacia el conflicto ibérico fue desplazada del interés nacional y que su principal protector el general Lázaro Cárdenas dejara el cargo de presidente de México en 1940 y que su sucesor Manuel Ávila Camacho tomaría una postura más moderada inclinada a la derecha y que ya no tendría entre sus preocupaciones principales la situación de los exiliados españoles. Así fue que la gran masa de exiliados españoles no políticos ni intelectuales tuvieron que hacer uso de su ingenio y capacidad propia para poder establecer negocios y aprender profesiones que los ayudaran a adaptarse a su nueva vida ya sin los apoyos gubernamentales ni de su propio gobierno en el exilio que ya volvían a los enfrentamientos políticos del pasado entre sus dirigentes sobrevivientes que ya les había costado la victoria en España.[14] Otra causa más fue la invasión alemana a Francia en 1940 que obligó a cerrar sus oficinas al SERE y su rama en México el CTARE se vio obligado a cerrar todas las escuelas y albergues creados en México. Finalmente la estocada final sería a la incautación de los fondos provenientes del Yate Vita por parte del gobierno mexicano en 1942 debido a los escándalos de malversación de fondos entre los mismos exiliados.

El retorno a España que nunca se dio y su establecimiento definitivo

El desarrollo de la Segunda Guerra Mundial que ayudo a eliminar la influencia de los movimientos fascistas promovidos por las colonias italianas y alemanas en los países de Hispanoamérica debido a la fuerte presión de los EE.UU. y que también afecto a la propaganda falangista de las colonias españolas particularmente en el caso de México (Pérez, 1992: 164-170), la cual se vio intensificado con la entrada de los EE.UU. a la guerra tras el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Con la progresiva derrota de las potencias del eje mientras se iba desarrollando el conflicto, los exiliados españoles comenzaron a abrazar la esperanza de que derrotadas las potencias fascistas, también eso pudiera significar que en España se diera la desaparición del régimen franquista y la posibilidad de una restauración de la República. Dándose así la posibilidad del pronto retorno de miles de ellos a España. Sin embargo, a pesar de la desaparición de los antiguos aliados de Franco la Italia fascista y la Alemania nazi, la España franquista logro sobrevivir gracias al juego de la Guerra Fría y al aval de que había sido el general Franco el primero en Europa y el único en el mundo en haber derrotado al comunismo.

Pese a los intentos de los miembros sobrevivientes de las cortes republicanas de restablecer su gobierno en el exilio en México reconocido por el gobierno del presidente Ávila Camacho en 1945, y su posterior traslado a París en 1948, toda posibilidad de que terminase pronto la dictadura franquista se fue diluyendo con el posterior apoyo al régimen de Franco por parte de los EE.UU. quien a partir de 1950 le comenzó a entregar ayuda económica y más tarde le permitió la entrada a la ONU en 1955. 

Ante esta situación mundial, el colectivo español en el exilio tuvo que afrontar la dura realidad de que el retorno a España tendría fecha de espera indefinida y permanente para muchos. El problema se agudizo más ya que dentro del colectivo mismo de los exiliados no se pudo establecer un frente republicano común frente a la dictadura franquista, debido al hecho de que los enfrentamientos entre los españoles republicanos de distintos grupos políticos desde la guerra civil seguían latentes, sin olvidar las posturas separatistas de los partidos vascos y catalanes, lo que volvieron a acentuar sus diferencias en México. También estaba el hecho de que en el país de acogida no se les permitía el establecimiento de partidos extranjeros y todo este tipo discusiones sólo se realizaban en fachadas de ateneos culturales. Un hecho que fue gravísimo en esta división fue el asunto del yate Vita que trasportaba una gran cantidad de objetos de valor incautados durante la guerra civil y que llevó al enfrentamiento abierto entre los principales dirigentes republicanos Juan Negrín e Indalecio Prieto, asunto que terminó como se mencionó en antes por la incautación del tesoro por parte de las autoridades mexicanas en 1942 debido a una serie de escándalos e irregularidades referentes a su administración que reclamaban muchos de los exiliados quienes denunciaron malos manejos y que no recibieron ninguna ayuda por parte del gobierno en el exilio salvo un circulo de gente relacionada con Indalecio Prieto quien se había hecho cargo de la administración de los tesoros del Vita. Ante esta imposibilidad del retorno a España la colectividad de exiliados republicanos comenzó a aceptar que tendría que echar raíces en México y a tratar de compenetrarse con la aún desconfiada colonia española original. 

La contribución del exilio a México

Si bien México no fue el único país donde arribaron grupos de intelectuales y científicos españoles republicanos, es sin duda, el país donde los resultados de su contribución demostraron ser un verdadero catalizador del desarrollo cultural y científico. La salida de un gran número de ellos a causa de la guerra le dio una oportunidad única a México que tras los convulsos años de la revolución mexicana pudiera hacer renacer su vida intelectual y científica. Aquel anhelo del presidente Lázaro Cárdenas se hizo realidad con el establecimiento de La Casa de España centro de altos estudios pluridisciplinarios donde intelectuales españoles y mexicanos pudieron unir esfuerzos en investigaciones y generar una producción cultural auténticamente mestiza en donde destacaron figuras como el que fuera rector de la Universidad de Madrid José Gaos. Junto a él, cerca de otros 40 intelectuales españoles colaborarían en este proyecto. Además de la Casa de España también se crearían otros centros mexicanos de estudios superiores o se integrarían varios de sus miembros a las planas del profesorado de las universidades mexicanas tales como la Universidad Autónoma de México y demás universidades estatales. Con el tiempo La Casa de España terminaría por renombrarse El Colegio de México. Uno de los mayores beneficiaros de esta elite intelectual ibérica seria el Fondo de Cultura Económica quien recibiría una colaboración inmensa por parte de varios estudiosos españoles. Entre las ramas que se desarrollaron fueron: la filología, derecho, literatura, la antropología y otras más. En antropología destacaría el papel de Juan Comas en el Instituto Mexicano de Antropología, en derecho serían Agustín Millares Carlo junto a Rafael Altamira, en las ciencias naturales se puede nombrar a Joaquín Seijo Alonso, Federico Bonet Marco; en Arquitectura a Francisco Azorín izquierdo, Mariano Benito Palacios entre los ingenieros a Pablo Diz y Álvaro de Albornoz y una lista que incluye a médicos, farmacéuticos y demás profesionales, Sin olvidar a los prominentes escritores Max Aub, León Felipe y Luis Cernuda. De hecho, fue el propio José Gaos quien definió a los exiliados no como desterrados sino más bien como «transterrados». Junto a la contribución de intelectuales que trajo la guerra civil a México también hay que mencionar que vinieron otros elementos que se asentaron pertenecientes a los grupos políticos y militares de la República Española que también dejaron su presencia en el país de manera relevante como el propio Indalecio Prieto, José Giral, Margarita Nelken, Juan García Oliver, Jesús Hermández y Enrique Castro Delgado (estos últimos romperían con el exilio escribiendo obras de denuncia) junto a los militares destacados como los generales José Miaja, Julio Mangada, Manuel Tagüeña Lacorte, Hidalgo de Cisneros y Alberto Bayo Giroud (quién entrenó a Fidel Castro y sus guerrilleros y terminaría sus días como general del ejército cubano). Toda una clase política y militar que tuvo que sobrevivir al hecho de ya no pertenecer más a su patria y verse obligado a sobrevivir a las circunstancias existentes en una nueva nación.

Conclusiones

Si bien el tema del exilio republicano en México no es un tema de estudio novedoso al cumplirse ya cerca de 74 años de iniciado el exilio español en México el tiempo transcurrido hace necesario que se vuelva a valorizar por las generaciones actuales y en particular por la historiografía tanto mexicana como española la contribución hecha por este contingente humano que siguiendo el paso de sus ancestros en la que fuera una vez la Nueva España se convirtiera en su nueva patria sin dejar de sentirse muchos de ellos españoles aunque otros se asimilaron pero que solo esta vez, en lugar de extraer su riqueza material para llevarla a la metrópoli serían los españoles esta vez quienes contribuyeron enriqueciendo a la sociedad mexicana por medio de su profesión, una oportunidad histórica que no fue desaprovechada por el presidente Lázaro Cárdenas. Otro aspecto a notar es la transformación de la imagen que tiene el español en México que pasó de ser la representación de todos los vicios y males históricos de la nación y que se convierte en huésped y amigo de México aunque esto solo se aplicaría a los exiliados y sus descendientes. El legado del exilio se siente incluso todavía en la actualidad en algunas figuras como la del recientemente fallecido Luis de Llano Palmer pionero de la televisión mexicana así como la gran periodista y descendiente de exiliados republicanos Carmen Aristegui. Así vemos que este exilio aún contribuye a pesar de los años con la vida cultural de México una de estas últimas contribuciones la ha hecho el propio Fernando Rodríguez Miaja sobrino del general José Miaja quien fuera secretario de su tío durante los años de la guerra civil, a sus 95 años en marzo de 2013 ha presentado el libro de Testimonios y remembranzas. Mis recuerdos de los últimos meses de la guerra de España donde presenta una serie de aclaraciones de algunos episodios importantes de la guerra civil española o las rectificaciones sobre otros hechos antes ya escritos por importantes autores especializados en el tema y que eran aceptados hasta el día de hoy. Finalmente revalorizar que la historia de la España de la post guerra no puede entenderse ni estudiar sobre ella sin tomar en cuenta a la parte exiliada, así como el desarrollo de la vida cultural y científica de México en el siglo XX no puede estudiarse ni entenderse sin la contribución del exilio español así como el legado que sigue vigente dentro de la cultura mexicana actual.

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[1] Bachiller en Ciencias Sociales- Especialidad Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Para la presente publicación se han realizado ligeras modificaciones de forma al texto original (Nota de los editores). 
[2] Ricardo Pérez (1992: 61-62). El marqués de Rialp se quejaba ante las autoridades Peninsulares por las publicaciones abiertamente hispanófobas publicadas por la propia Secretaria de Educación Pública de México en donde: «se ataca el nombre de España en este país». 
[3] Caso particular seria el del médico, escritor y luego político Doctor José María Albiñana, quien no ocultaría sus simpatías por la causa cristera y desde sus obras haría apología a favor de la hispanidad, finalmente sería expulsado de México. A su retorno a España fundaría el Partido Nacionalista Español inspirado abiertamente en el fascismo italiano. En España continuaría sus escritos en defensa del tradicionalismo católico y con ataques abiertos contra las políticas izquierdistas y anticlericales del gobierno de la II República Española. Llegaría a ser elegido diputado por las cortes en Burgos. Termino siendo asesinado junto a otros prominentes políticos de la derecha y falangistas al poco tiempo de estallada la guerra civil en española en agosto de 1936 por turbas de milicianos tras asaltar la Cárcel Modelo de Madrid. 
[4] Tras la victoria de las listas republicanas en las elecciones municipales en las grandes centros urbanos de España el 12 de abril de 1931 y ante la pérdida de apoyo popular el monarca Alfonso XIII parte al exilio siendo proclamada el 14 de abril de ese mismo año con gran entusiasmo popular la II República española. 
[5] Tanto en México como en España los líderes revolucionarios y los políticos republicanos españoles buscaban la reforma económica y social del pueblo para ello debían neutralizar el poder del latifundio y eliminar de golpe la influencia en la vida pública y política de la Iglesia Católica. 
[6] Muchos de estos artistas estaban alineados con las ideas socialistas y varios de ellos militaban en el comunismo. Entre ellos, David Alfaro Siqueiros; quien destacaría por haber combatido en las Brigadas Internacionales y haber formado parte de un grupo que intento atentar contra la vida de León Trotsky una vez asilado en México. 
[7] Las tropas legionarias españolas que se rebelaron desde el protectorado de Marruecos en África, integraron a la lucha a sus cuerpos de tropas regulares indígenas conformados por nativos marroquís a los que se unieron otra gran cantidad de nativos voluntarios entusiasmados por el pago y la comida; pues había hambruna por una fuerte sequía en el protectorado, junto con las ansias por obtener botín de guerra, estas fuerzas de choque comandadas por oficiales españoles eran muy aguerridas en combate e inspiradas en el espíritu de la jihad. El problema era que muchos soldados que formaban parte de estas unidades de tropa cometieron actos de indisciplina y practicaban tanto el saqueo como a la violación por lo que se aplicó una disciplina brutal incluyendo la ejecución sumaria en varios casos por sus oficiales superiores. 
[8] Salvo los diarios socialistas galos que solicitaban ayuda humanitaria para los españoles retenidos en los campos de concentración, la mayoría de los periódicos franceses veían como un estorbo a la gran masa de exiliados republicanos considerados por la mayoría como «rojos y delincuentes». 
[9] Josep Pernau (1989: 291). Enrique Lister general y comandante del Quinto Regimiento comunista estuvo incluso a punto de ser internado en un campo francés, pero gracias a su documentación pudo ir al consulado español en Perpiñan. 
[10] El presidente del Congreso de Ministros de la República Juan Negrín en marzo de 1939, mandó embarcar una serie de objetos de valor entre: monedas, objetos de arte religioso, joyas y demás que fueron incautados a las Iglesias y a los simpatizantes del bando rebelde así como de los bancos y montes de piedad. Una fortuna valorizada en varios millones de dólares que fue conocido como «el Tesoro del Vita» que partió con rumbo a México. Indalecio Prieto, quien tenía disputas personales con Negrín por el desarrollo y manejo de la guerra, regresando de una gira por Sudamérica tras hacer varias conferencias a favor de la causa republicana aprovecho su estadía en México y sus buenas relaciones con el presidente Lázaro Cárdenas para apropiarse del tesoro aduciendo ser la máxima autoridad republicana española en México con lo que financió el JARE. Esto dio a un fuerte enfrentamiento epistolario entre Prieto y Negrín por años. 
[11] Nemesio Raposo (1968: 172-205). El autor fue un soldado republicano que narra el maltrato y explotación que vivió él y cientos de españoles republicanos en los años que pasó en los campos franceses y luego en las fábricas hasta la ocupación alemana de Francia denunciando la complicidad de varios oficiales republicanos con las autoridades francesas. 
[12] Con la ocupación alemana de Francia y la colaboración entre la Gestapo y la policía franquista se comenzó a detener a connotados dirigentes y políticos republicanos como Cipriano Rivas Cherif, Teodomiro Menéndez, Carlos Montilla, Manuel Alfaro, Alejandro Viana, etc. Muchos purgaron cárcel pero otros fueron ejecutados como el ministro anarquista Juan Peiró y el presidente de la Generalidad de Cataluña Luis Companys. El presidente de la República Manuel Azaña solo evadió la captura gracias a la protección de la embajada de México y finalmente a causa de su muerte, fue enterrado en Montauban y ante la prohibición de usarse una bandera republicana se usó la bandera de México para cubrir su ataúd. 
[13] Junto al asilo concedido por México a los exiliados españoles, otros países de Hispanoamérica también dieron acogida a un número importante de exiliados como Chile donde acaba de ganar las elecciones una coalición local del Frente Popular, Argentina, República Dominicana donde paradójicamente gobernaba la dictadura del General Rafael Leónidas Trujillo y en menor medida Cuba como Venezuela. 
[14] Las divisiones internas entre los diversos partidos del frente popular se mantuvieron vigentes incluso en el exilio culpándose mutuamente unos a otros de la derrota ante Franco particularmente entre los seguidores de Indalecio Prieto y Juan Negrín.

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