Historia de la Residencia Universitaria de San Marcos: Un patrimonio para conocer y defender (*)

Residencia de la Ciudad Universitaria. Fuente:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Unmsm_residenciauniversitaria1.JPG
Luis REYMUNDO LUME
Laura VALDIVIA CLEMENTE 
Geanny CALAMPA SOPLA

Introducción 

La Residencia Universitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos al igual que el Comedor Universitario son espacios que forman parte de la Unidad de Bienestar Universitario y que tienen como finalidad garantizar el derecho a la vivienda y alimentación de los estudiantes universitarios respectivamente. Siendo estos derechos cuestionados constantemente ha habido intentos de reducirlos a través del cierre o tercerización de los espacios. El debate no solo se ha dado en el ámbito de autoridades de la universidad, sino también en los mismos estudiantes y suele trasladarse en determinadas coyunturas a la opinión pública. La situación de estos espacios, considerados gremios por muchos estudiantes, ha visto dar origen a muchas de las protestas y medidas políticas por parte de las organizaciones estudiantiles, por ello, es importante conocer la historia de ambos espacios para comprender el movimiento estudiantil de San Marcos, la forma en que las autoridades universitarias responden y operan políticamente, y los cambios de la visión que el Estado ha tenido sobre la educación superior.

En esta oportunidad exponemos una primera aproximación a la historia de la Residencia Universitaria. Este espacio a diferencia del Comedor ha tenido y tiene mayor presencia política en la universidad pues ahí se alberga a estudiantes de bajos recursos económicos provenientes de las provincias del país. Esto quizá explica su presencia en la mayoría de acciones de las organizaciones estudiantiles y haber sido blanco de las agresiones de las autoridades universitarias. De manera descriptiva hemos contextualizado la residencia en la coyuntura nacional y el movimiento estudiantil. Para ello, hemos utilizado como fuentes documentos administrativos, tanto de Bienestar Universitario como de los residentes, así como también las memorias de los rectores que tuvieron una relación más cercana con este espacio. Esperamos que este sea el inicio para la elaboración de trabajos más minuciosos y especializados sobre la historia de la Residencia no solo para conocer el movimiento estudiantil, sino también para comprender la importancia de la defensa de este espacio estudiantil.

I. Diseño de la Ciudad Universitaria

Para Mario Meza (2009) la idea de Ciudad Universitaria en el Perú forma parte de políticas educativas que asume el gobierno de Leguía durante los años veinte. Esta idea fue tomada de la transformación universitaria que se vivió en países capitalistas como Estados Unidos, sin embargo, no fue sino hasta la década de 1950 que el proyecto se concretó con la donación del actual campus universitario por la necesidad de ampliar los espacios universitarios debido al incremento progresivo de la cantidad de estudiantes, la afluencia de estudiantes de las regiones del país, y por la aplicación de los principios de Reforma Universitaria de Córdova.

Fue en el régimen de Manuel Odría que se donó el espacio donde definitivamente será construida la Ciudad Universitaria de San Marcos entre las actuales av. Mariscal Benavides (ex Colonial) y av. Venezuela, luego que los espacios donados anteriormente (desde 1920) fuesen usados para otros fines o descartados por su insuficiente tamaño. Un proyecto, del año 1956, interesante de referir, es la nueva distribución de los edificios de la ciudad universitaria en un área de 600,000 m2., aprobados junto a los Planos Generales de la Ciudad Universitaria, esta propuesta se llevó a cabo con el rector Aurelio Miró Quesada. Ahí se señaló lo siguiente (Meza, 2009: 262-264 y Miró Quesada S., 1958: 96-98):
  1. Una primera área de «Administración Central, Aula Magna y museo». Esta estaría ubicada en el ángulo de la av. Venezuela y la av. Universitaria. Ahí se levantaría un bloque de diez pisos para todas las oficinas del rectorado, asociado a esta se construiría un museo (Museo Arqueológico y Museo de Arte) junto al Aula Magna, y al extremo oeste, la Biblioteca Central. De este lugar partiría un camino hacia un teatro libre junto a la Huaca. 
  2. En la segunda área estarían los «Pabellones de las Facultades». Para ello habían dos espacios: 1. paralelos a la av. Venezuela, donde se ubicarían las facultades de índole científica (Ciencia, Física y Química). La Facultad de Ciencia, junto a la de letras fueron la primeras en construirse. El pabellón de ciencia constaría de cinco partes: Cultura General y Administración, Ciencias Físicas y Matemáticas, Geología, Ciencias Biológicas y el Museo de Historia Natural. 2. frente a la av. Universitaria estarían las facultades de tipo Humanidades (Derecho, Ciencias Económicas y Comerciales, Letras y Educación). La ampliación de la Facultad de Medicina y la construcción de la Facultad de Odontología estaban proyectadas para los espacios de la av. Grau; y la Facultad de Medicina Veterinaria a la zona de Monterrico. 
  3. En la tercera área estaría la «Zona Deportiva» y se incluyó el «Gran Estadio» (abierto al público) junto a otros espacios deportivos como fútbol, canchas de tenis, de basquetbol, voleibol, entre otros; y una pista de dimensiones atléticas, construidos exclusivamente para personas de la universidad. 
  4. La cuarta área es la «Zona de Vivienda». Entre el estadio y la av. Mariscal Benavides (ex Colonial), destinada para docentes (con bloques independientes para casados y comunes para solteros) y estudiantes (grandes bloques para varones y para mujeres). También se reservó áreas para empleados y obreros, almacenes y depósitos.
  5. Una quinta área para la «Iglesia, Comedores, Centro Cívico». La iglesia estaría junto a la residencia de profesores y estudiantes y a corta distancia de la av. Mariscal Benavides (ex Colonial); en otra sección se agruparon los comedores estudiantiles, los clubes o centros de esparcimiento, los locales para las reuniones estudiantiles, la posta sanitaria y el centro cívico (correo, botica, librería, peluquería, entre otros). 

II. La historia de la Residencia

A nivel institucional, en los proyectos de la ciudad universitaria, se proponía un área extensa para la vivienda, pero a medida que iban pasando los años y probablemente por la falta de recursos, o por los cambios en las finalidades de cada área; muchos de estos proyectos no se llevaron a cabo y otros se estancaron. En algunos casos ha pasado mucho tiempo para que estos sean puesto en funcionamiento; de no ser por los pedidos de préstamos de las gestiones de los rectores y de las donaciones que estos recibían a nivel institucional, quizá no se hubieran concluido. La construcción dentro del actual campus universitario se inició de inmediato a la donación; primero con la intención de terminar la construcción del estadio e iniciar la biblioteca central, pero esta se construyó muchos años después, e inclusive después de la residencia.

La Ciudad Universitaria fue donada en el año 1950, cuando el Consejo Universitario estaba presidido por el rector, Pedro Dulanto, quien pocos meses después inicio la construcción de la residencia estudiantil, que encargó a la Empresa Constructora «Cayo Murillo», pero hasta el año 1953 solo se había terminado de construir un ala del pabellón de residencia. La obra se continuó con el rector Mariano Ibérico y luego la siguió el rector Fortunato Carranza. Fue con el rector Aurelio Miro Quesada S., para diciembre del año 1956, que se culminó la construcción total del primer bloque de la residencia, se terminaron los acabados y se implementaron las habitaciones con los servicios necesarios. Para este año, también, se elaboró el Anteproyecto de Reglamento General de la Residencia de Estudiantes y de la ficha de solicitudes de alojamiento, que regularía el ingreso a la residencia. Con esto solo quedaba por adquirir los mobiliarios para las salas comunes («hall») y por instalar las conexiones eléctricas. Los dos actuales pabellones se inauguran a medio día del 10 de enero de 1957, con la concurrencia de funcionarios importantes y representantes de diversas instituciones del Estado y de algunas universidades; tal parece ser porque fue, la residencia estudiantil, el primer edificio en construirse en la «Gran Ciudad Universitaria». En la ceremonia, el rector señaló las características de la residencia, haciendo hincapié en que se contaba con un espacio para albergar a 210 estudiantes, que sean de modesta condición económica y que posean un auténtico espíritu de estudio; para los cuales hay habitaciones bipersonales y unipersonales.

Al iniciar la década de los sesenta, la Ciudad Universitaria aún no se había puesto en funcionamiento. Asumimos que para este año la residencia ya era habitada, pues cuando fue inaugurada estaba totalmente amoblada, aún, cuando el reglamento recién estaba en proyecto. Cuando Luis Alberto Sánchez volvió a ser rector, en el año 1961, encuentra que el pabellón de Letras y Educación tenía dos pisos; y que aparte de la residencia, había la construcción de un ala de los pabellones de Ciencia. A pesar de esta situación, y la carencia de las instalaciones que cubran los servicios básicos, el rector decidió, para el siguiente año, el traslado de las actividades académicas y administrativas, llevadas a cabo hasta entonces en la Casona, hacia la Ciudad Universitaria. Como primera iniciativa de este traslado, se tenía proyectado usar el pabellón de los residentes (denominado por el rector como el pabellón de los alojados) para el funcionamiento de la rectoría y de las oficinas anexas, como son tesorería y secretaria general. Asimismo, se tenía proyectado la instalación de los servicios básicos (electricidad, agua y desagüe), así como la colocación de pistas y pavimentos evaluado en 1 000,000.00 de soles por iniciativa del ing. Jorge Grive, a través del Ministerio de Fomento (Sánchez, 1962: 37).

Durante el traslado de algunas facultades hacia la ciudad universitaria, específicamente de la Facultad de Letras en el mes de junio, el primer piso de la Residencia Universitaria y parte de un «tercer piso del pabellón correspondiente a la Universidad» (en este último no se precisa la ubicación) fueron designados para los Departamentos de Geografía, Filología y Etnología, el Seminario de Lenguaje Peruano, las Secciones de Cultura General y la Escuela de Periodismo. No se tiene mayores referencia sobre los habitantes de la Residencia, pues a través de los datos podemos presumir, si se optó por usar parte de la residencia para otros fines, o es porque la residencia no estaba totalmente habitada, o que simplemente no estaba habitada; aunque se supone que para el año de su inauguración estaba lista para ser habitada, además que las instalaciones de los servicios básicos eran de prioridad para este pabellón y que a partir de aquí se iniciaría para el resto de la Ciudad Universitaria. Para el año 1962 ya se habían construido una nueva ala de Ciencia (para la Facultad de Química) y la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas; se reactualiza el proyecto de la Biblioteca Central y el auditorio de la Facultad de Letras y Educación. Por otro lado se inicia la construcción del Comedor de Estudiantes, proyectando su culminación para el año 1964.

Hasta aquí podemos observar que los fines de la universidad han cambiado progresivamente, la residencia no fue un caso aislado; por cada cambio de autoridad universitaria, la «Gran Ciudad», o bien tenían un gran avance en su finalidad de poblarla, o simplemente se truncaba. Los proyectos iniciales se han cambiado, los espacios con fines estudiantiles se han reducido, ya sea para ceder un espacio para otras facultades, o porque primaba ideas como la de Luis Alberto Sánchez: «iniciar la tarea de reedificación de nuestros inmuebles urbanos, convirtiéndoles en positiva fuente de recursos para la universidad» (Sánchez, 1963: 167). Bajo este punto de vista, la Residencia Universitaria nunca fue, ahora tampoco lo será, una fuente positiva de recursos para la universidad. Las autoridades no han dudado en recortar los derechos de los estudiantes, más aún, en el contexto de las primeras construcciones en la Ciudad Universitaria, reduciendo los espacios de la Residencia.

Por otro lado, la residencia Julio C. Tello tiene su antecedente en la construcción de La casa del estudiante provinciano promovida por los senadores Alberto Arca y Luis A. Sánchez a través del financiamiento de 1 700,000.00 soles, por Iniciativas Parlamentarias del Presupuesto Funcional de la República, en el año 1964. A pesar que su construcción debió empezar el 31 de octubre de ese año, la convocatoria a la licitación pública se dio recién el 23 de marzo de 1965. Para ese año a la suma inicial, se aumentó 800,000.00 soles. La firma «Arturo Siles Ingenieros S. A. e Ingenieros Claudio Malatesca» fue la encargada de construir un primer pabellón de 4 pisos, bajo la resolución nro. 22817. Esta obra, a pesar de los retrasos debió terminarse en abril de 1966, sin embargo, fue concluida en enero de 1967. Es decir, la obra tomó casi tres años para ser terminada, este retraso generó que las iniciativas parlamentarias sean canceladas, pues se tenía como proyecto asignar, por seis años, 1 700,000.00 soles para la construcción de los cuatro pabellones todos con una capacidad de 120 camas.

La casa del estudiante provinciano fue pensada para alojar a más de 400 estudiantes para quienes se elaboraría un reglamento especial de evaluación ya que no debían ser necesariamente de la Universidad de San Marcos. Este proyecto no fue concluido pues solo se hizo un pabellón (actual residencia Julio C. Tello) de los 4 planificados desde un inicio en la esquina de la avenida Grau con el jr. Prolongación Parinacochas. Este proyecto no sería el único paralizado para el año 1966, lo mismo pasaba con la construcción del Comedor Universitario iniciada como proyecto desde 1962.

En ese año, se terminó de construir el pabellón de la Facultad de Derecho, el pabellón de aulas de Medicina Tropical y el tercer piso de la Facultad de Letras. El comedor estudiantil, la Facultad de Economía, la tercera etapa de Química, el Gimnasio y la Imprenta presentaron grandes avances en su construcción; y se inició la construcción de la Facultad de Odontología, aunque la Facultad de Aplicación fue paralizada con la posibilidad de que se asigne a la Facultad de Educación. En esta década, la preocupación principal era la construcción de un pabellón de residencia exclusivamente para estudiantes mujeres, que en número habían aumentado porque cada vez había más estudiantes de provincia.

Al igual que la residencia de la Ciudad Universitaria, el pabellón de La Casa del estudiante provinciano de la av. Grau, fue usada con fines distintos a los previstos inicialmente, pues según los datos obtenidos de la entrevista realizada por Nicolás Lynch (1990: 112) a un ex dirigente de la FUSM se sabe que esta había sido designada para alojar a estudiantes extranjeros. Esta situación, sumada a las condiciones económicas precarias de los estudiantes de las regiones trajo como consecuencia la recuperación de los espacios de la residencia de ciudad y de la Casa del estudiante provinciano a través de la toma de sus instalaciones y el desalojo de los estudiantes extranjeros que hasta entonces vivían allí, respectivamente, acciones llevadas a cabo por los estudiantes que las autoridades señalarían como «violentas», tal como lo afirma un documento encontrado a inicios de los años 70 en el cual se da una relación de todos los residentes, y de los que habían «invadido la residencia» (en total 25 estudiantes). Al finalizar la década de los sesentas los espacios de la residencia de ciudad y La casa del estudiante son usadas para los fines que fueron construidas. 

Los años sesentas terminan con la toma de los espacios de la residencia y la recuperación de estas para los fines que inicialmente habían sido construidos. En una relación de residentes del año 1969, la cantidad de estudiantes no llegaba ni a 120 residentes, que ocupaban el segundo piso y parte del tercero. Muchas habitaciones estaban desocupadas, otras inhabilitadas, otros servían de depósitos o habían sido asignadas para un personal de aseo; es decir, hay un total de 20 habitaciones desocupadas, entre unipersonales y bipersonales, esto sin contar con el primer piso que eran ocupados para otros fines. Se debe tener en cuenta que muchas de las habitaciones bipersonales solo eran ocupadas por un estudiante. Solo un tercer piso de uno de los pabellones estaban asignados para mujeres, donde habitaban solo 11 residentes, es decir de las 20 habitaciones desocupadas, en el piso de las mujeres seis bipersonales estuvieron sin ser ocupadas; cuatro bipersonales funcionaban como depósitos, además de un unipersonal.

Hasta los inicios de la década de 1970 el Comedor Universitario aún no había sido concluido, la Residencia Universitaria pasaba por muchos problemas de infraestructura, que habría conllevado a los petitorios y reclamos de los estudiantes. Para estos años la cantidad de estudiantes iban en un incremento progresivo, de los cuales, según los estudios de la Oficina de Bienestar Universitario el 60 % de los 20 mil estudiantes tenían problemas en aspectos de salud, alimentación, vivienda, vida emocional, entre otros. Este era un problema de la masificación de estudiantes según señaló el rector Juan de Dios Guevara, quien veía con preocupación y planteaba para la universidad la necesidad de «revisar su estructura y comenzar por crear una conciencia colectiva de necesidad de renovación. Mirar con preocupación de plétora que nos ahoga y que amenaza transformar la educación individual en una educación de masas, impersonal, tecnificada antihumana» (Guevara, 1973: 13).

Para esta década se hace un replanteo del levantamiento de planos tomando como base los edificios construidos o en proceso de culminación, tales como el pabellón de Química, Ciencias, Derecho, Economía y Ciencias Administrativas y Contabilidad, Letras, Odontología, Escuela de Aplicación, Medicina Tropical, Gimnasio, Comedor y la Vivienda Universitaria. Por otro lado, se hacen las remodelaciones y reparación de los servicios higiénicos, que eran totalmente inservibles, debido a las deficientes instalaciones de las redes de agua y desagüe. Todo parece indicar que estas obras desarrolladas por las autoridades fueron el producto de los constantes reclamos de los estudiantes.

No se conoce desde que fecha funcionó la Clínica Universitaria en la Residencia de Julio C. Tello; pero hasta los últimos meses del año 1981, funcionaba en el primer piso de esta vivienda y en parte del segundo. En ese año los pisos donde funcionaban el servicio médico (hoy clínica universitaria) fueron tomados para recuperar un espacio que pertenecía a la vivienda estudiantil. En enero de 1982 se hace un empadronamiento de los estudiantes de la Residencia de Julio C. Tello, resultando un total de 139 residentes, incluido «los que invadieron los ambientes de los Servicios Médicos». Antes de que se haya concretado la toma del Servicio Médico, las autoridades realizaron un empadronamiento de las dos residencias (Ciudad y Tello), identificando para la Residencia de Ciudad (ARVU) 144 habitaciones (uni-bipersonales), donde formalmente debieran alojarse a 216 estudiantes, pero que en el empadronamiento identificaron 334 residentes, es decir, la residencia tenía un 55 % más de estudiantes que cohabitaban. En el caso de la residencia de Julio C. Tello, se contaban con 64 habitaciones (todas bipersonales) para alojar a 128 residentes, pero como en el primer piso y parte del segundo estaban las instalaciones de los Servicios Médicos la cantidad de habitaciones se redujeron a 48 para alojar a 96 estudiantes, pero que en el empadronamiento identificaron a 104 residentes, excediendo en un 8 % más.

En esa década muy agitada, socialmente hablando, las autoridades decidieron, bajo resolución, hacer un estudio sobre los problemas de las residencia universitaria, aunque los problemas se revelaran solos, entre ellos estuvieron, por ejemplo, el de infraestructura, que seguía persistiendo, seguramente porque por tiempos se dejaba en el olvido a la residencia y recién cuando surgían problemas que afectaran a las autoridades, como la toma del primer piso y parte del segundo de la residencia de Tello, estas decidían hacer los estudios del caso. En el año 1984 se hace un mantenimiento total de los pabellones de la residencia con ingresos provenientes de la caja chica de la Oficina de Bienestar Universitario. Los trabajos de reparaciones abarcaron las paredes, los techos, las puertas, ventanas y chapas. Aparte de la fumigación, las «instalaciones» (nuevamente) de las redes de agua y desagüe de los servicios higiénicos. Se supone que los servicios higiénicos ya habían tenido una reparación a mediados de la década de 1970, de tal modo que es ilógico que para el año 1984 se plantee su instalación. En este sentido lo más lógico sería que para estos años se plantee la reinstalación o, en todo caso, la reparación de las instalaciones de los servicios básicos de agua y desagüe producto del deterioro en el que se encontraba (Pons Muzzo, 1984: 100).

Los residentes, en los años ochenta, tenían cierta autonomía para evaluar a los nuevos postulantes de la residencia. Este hecho fue visto como uno de los grandes problemas que el rector Antonio Cornejo Polar mostró como parte de su preocupación por la residencia, pues también mencionaba otros problemas de los servicios con los que contaban, para la cual el rector propone reorganizar y reestructurar los ambientes físicos, de esta manera asegurar los mantenimientos de gasfitería, cerrajería y electricidad. 

En esta década, se sabe que cada pabellón de la residencia equivalía a cada piso que esta tenia, de tal modo que en la residencia de Ciudad Universitaria contaba con seis pabellones. La referencia más antigua que se tiene, sobre esta forma de designar los pisos de la vivienda, es de la década de los setentas, donde la Oficina de Bienestar enumeró los pisos designándolos como pabellones (III, IV, V y VI). Posteriormente, serán los estudiantes quienes designen a cada pabellón con el nombre de algún personaje de nuestra historia, pero no se perdió la designación de pabellón. 

En el mes de marso de 1990 el administrador de la residencia envía un oficio (of. nro. 021. AVCU-90) a la Oficina de Bienestar Universitario en la que se presentó un diagnóstico de la situación de la vivienda, en algunos casos, situaciones que se venían arrastrando desde la década pasada. Una de esas problemáticas fue la superpoblación de la residencia, producto de las necesidades de los estudiantes, sin que esta haya sido solucionada; hay un total de 360 residentes en donde debió haber 216. Ahora, la remota preocupación por construirse un edificio exclusivo para mujeres, tampoco fue solucionada, porque hasta el año 1990, la residencia de Ciudad Universitaria, solo contaba con un piso (pabellón). En el caso de la residencia de Tello solo era para varones (hasta hoy). Otras problemáticas mencionadas fueron los estados deplorables en la que se encontraron los servicios higiénicos de la residencia. La necesidad de implementar las habitaciones con las camas, colchones y almohadas pues estas no habían sido cambiadas desde hace 20 años. La necesidad de implementar el sótano para el uso de los estudiantes, que hasta ese momento se seguía utilizando como almacén. Por otro lado, se señaló la existencia de una cancha polideportiva que desde el año 1987 no se terminaba de construir. El problema de la iluminación, señalado por el administrador López Aguilar, recién en noviembre del 90 se concreta con las revisiones eléctricas en la residencia. Para el año 1991, luego que la tan deseada despolitización vaya en aumento (Reátegui, 1993: 12), se hace el pintado de las dos residencias (Ciudad y Tello), se reparan los servicios higiénicos, principalmente la del pabellón de J. C. Mariátegui que desde hace 4 años que no funcionaba. Para el año 1992 en la residencia de J. C. Tello también se terminaron los arreglos necesarios. El sótano de la Residencia de Ciudad Universitaria había sido remodelado con la construcción de dos espacios pequeños internos con el fin de usar el tercer espacio grande para las actividades estudiantes. 

El 14 de mayo de 1992 se dio una irrupción a la residencia de Julio C. Tello por parte de los militares deteniendo a un total de 35 estudiantes, luego de que estos fueran liberados, la segunda región militar toma el control de esta vivienda sin que se dejara entrar a ninguna persona, por tanto muchos de los residentes, sin ningún familiar en la capital, tuvieron que pernoctar en el parque del Hospital Dos de Mayo. Una solución sugerida para esta situación, fue el alojamiento provisional en el sótano de la Residencia de Ciudad Universitaria. El día 2 de junio del mismo año se entregó el local de la vivienda de Julio C. Tello, seguidamente se realizó un inventario de las pertenencias, donde se constató que muchas de las pertenecías de valor habían desaparecido. Un ocaso para una parte de la residencia universitaria, producto de la intervención militar de la Ciudad Universitaria, se dio con la resolución rectoral nro. 06853 con fecha 19 de Noviembre de 1997, en donde se resolvió cambiar la «Refacción del Segundo Pabellón de la Vivienda» por «Remodelación y Adecuación, para el Centro de Informática de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos».

Algunos residentes al final del evento.
Reflexión final

En el año 2009 algunas agrupaciones políticas junto a estudiantes ingresantes y postulantes a la beca de Residencia Universitaria recuperaron el ala B del pabellón, que había sido convertido en el centro de informática, a través de una toma del pabellón y del rectorado, estas acciones tuvieron como consecuencia procesos disciplinarios en contra de los dirigentes y el inicio del proceso de formalización de residentes y del pabellón B, como se ha expuesto la residencia fue proyectada con cinco pabellones, pero debido a los cambios de autoridades y de visión de la universidad esto fue modificado y reducido a un solo pabellón, ante el crecimiento del número de estudiantes universitarios en contraste con décadas anteriores son mayores las solicitudes para acceder a la vivienda así como constantes las tensiones entre la organización gremial y las autoridades. 

Este trabajo fue expuesto ante los residentes 5 años después de la toma del pabellón, en ella se expuso la problemática del momento, la cual no ha sido incluida en este trabajo pero esta etapa es una de las más importantes y de las que se tiene más información, esperamos que hayan mayores iniciativas desde otras posiciones para abrir el debate desde los residentes pues solo conociendo su historia se comprende la importancia de mantener el derecho a la vivienda universitaria.

Referencias

MIRÓ QUESADA S., Aurelio (1958). Documentos de un año de rector (1956-1957). Lima: UNMSM.
CORNEJO POLAR, Antonio (1988). Órgano de Inspección y Control Interno: Memoria 1985-1986. Lima: UNMSM.
PONS MUZZO, Gastón (1984). Memoria 1984. Lima: UNMSM.
GUEVARA, Juan de Dios (1973). Memoria 1972. Lima: UNMSM.
GUEVARA, Juan de Dios (1974). Memoria 1973. Lima: UNMSM.
SÁNCHEZ, Luis Alberto (1962). La universidad de San Marcos. Memoria de su rector correspondiente al año lectivo de 1961. Lima. UNMSM. 
SÁNCHEZ, Luis Alberto (1963). Un año decisivo, Memoria del rector correspondiente al año lectivo de 1962. Lima. UNMSM. 
SÁNCHEZ, Luis Alberto (1967). La universidad en trance de recuperación, memoria correspondiente al año lectivo de 1966. Lima: UNMSM.
SÁNCHEZ, Luis Alberto (1968). Entre la congelación y la rebeldía. Memoria correspondiente al año lectivo de 1967. Lima: UNMSM.
SÁNCHEZ, Luis Alberto (1969). Informe del rector de la universidad mayor de san marcos. Señor doctor Luis Alberto Sánchez, correspondiente al año académico de 1968. Lima: UNMSM.
MEZA, Mario (2009). Historia del Estadio de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cuadernos del Instituto Antonio de Nebrija, nro. 12, 243-282.
LYNCH, Nicolás (1990). Los Jóvenes Rojos de San Marcos. El radicalismo universitario de los años setentas. Lima: Edit. Los zorros de abajo.
REÁTEGUI, Wilson (1993). Memoria 1990-1991. Lima: UNMSM.
REÁTEGUI, Wilson (1994). Memoria 1992. Lima: UNMSM.


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(*) Este trabajo fue elaborado por Luis Alberto Reymundo Lume con el apoyo de Laura Valdivia Clemente y Geanny Calampa. Presentado en la Residencia Universitaria el 1 de diciembre del año 2014, ante residentes y ex residentes. Entre los ponentes están los ex residentes y ex dirigentes estudiantiles: Jefferson Canayo, Diana Matamoros, Doller Huamán y el residente ex dirigente estudiantil Luis Alberto Reymundo Lume. La exposición se dividió en dos momentos: primero se realizó una exposición de la historia de la residencia universitaria a cargo Luis Reymundo, y en un segundo momento los ex residentes y ex dirigentes estudiantiles comentaron los sucesos ocurridos desde el año 2007, año en que se toma el sótano de la vivienda universitaria para albergar a estudiantes de provincia que no fueron aceptados por Bienestar Universitario, esto sería el antecedente y primer paso para la recuperación del pabellón «B» en el año 2009 a través de una toma. Así también se compartieron reflexiones sobre lo importante que es valorar y defender el derecho a la vivienda universitaria. La exposición duró aproximadamente 3 horas y contó con la presencia de 50 personas entre residentes y ex residentes.

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