Debates sobre la educación pública peruana: La Reforma de Segunda Enseñanza de 1902

Nadia Milushka LÓPEZ SONCCO[1]

Introducción

En los últimos años en Perú se ha dado un gran impulso por cambiar la educación pública que como sabemos siempre ha sufrido los derroteros de nuestra economía y política. El interés también se muestra del lado de la sociedad civil. Basta con mencionar la gran tarea que emprendió la Derrama Magisterial por reunir en estudios completos la Historia de la Educación en el Perú, que estamos seguros dará inicios a nuevas investigaciones sobre la educación peruana, sus problemas y posibilidades.

Las reformas en nuestro país pueden hacer solucionar, mejorar y avanzar aquello que no está bien. En temas de educación nuestro país ha cambiado varias veces los planes que se refieren a ella y no por ello se han mejorado sus defectos. En 1901 estuvo en vigencia un reglamento que fue reemplazado por la ley de 1902. Cuando a los pocos años de su aceptación no lograba solucionar aquello que estaba mal, ya se hablaba en 1903 de otra reforma.

Una reforma de la educación en el Perú para el siglo XX, fue seguramente concebida desde 1895 época de una formación capitalista y de una fuerte influencia de la filosofía positivista que fue interrumpida por la funesta guerra que sostuvimos con Chile. Para esta época se requería que la educación pública se adaptara a las necesidades de una economía capitalista.

1. La escuela peruana a inicios del siglo XX

Según Joaquín Capelo,[2] en Lima hay 22059 niños de los que 11043 no están matriculados, y por consiguiente no cumplen, ni reciben, absolutamente, educación alguna, ni aun de las primeras letras, esto es: leer, escribir y contar. Resulta también que el número de escuelas públicas no alcanza a las particulares, ni al 20% en 1898. Es curioso observar que en ese periodo, han disminuido los oficiales y se han multiplicado las particulares o escuelas libres. En cuanto al número de alumnos que corresponde a cada maestro, varía mucho esta cifra, de 1890 a 1898 de 72 por maestro en 1890 se pasa a 26 únicamente en 1898.[3]

Cuadro 1

Número de escuelas
Número de maestros
Alumnos matriculados
Alumnos que asisten diario
                   Años

1890

1898

1890

1898

1890

1898

1890

1898
Escuelas Oficiales

41

25

41

87

5672

4872

4388

3018
Escuelas
Particulares

93

152

93

390

4057

7757

3352

5652
Total

134

177

134

477

9729

12629

7740

8660
              Fuente: CAPELO, Joaquín. Sociología de Lima. Lima: La Industria, 1902. p. 86.

A inicios del siglo XX no existían mayores datos que nos de algún panorama general de la educación peruana. Es recién en octubre de 1902 que se realizó el censo escolar que abarcó a un 90% de la población nacional. El abandono de esta práctica hizo que utilizaran el padrón del censo de 1876. El censo mostró que «29% de los niños de 6 a 14 años recibían instrucción primaria en la República y que solamente el 23% sabía leer y escribir».[4]

Para el caso de Lima, el Ministerio de Instrucción no tenía datos actualizados sobre la realidad de la educación. El Comercio de Lima, el 30 de mayo, de 1902 publicó un cuadro estadístico que presentó los problemas de la educación.

Cuadro 2
Consejo Escolar de Lima. Estadística Escolar Abril de 1902

N° de la encuesta
Su grado
N° de maestros
Matricula efectiva
Asistencia máxima
Asistencia media
Tanto %
1
4
273
196
180
66
2
2
121
106
82
68
3
2
85
73
64
75
4
1° y 2°
5
225
184
143
63
5
1° y 2°
1
55
50
35
64
6
3
98
80
60
61
7
5
425
289
214
50
8
3
112
106
86
76
9
3
268
195
145
54
10
3
120
95
71
59
11
2
140
130
90
64
12
1° y 2°
3
87
78
65
72
13
6
370
294
252
68
14
3
90
55
92
98
15
5
260
177
140
54
16
1° y 2°
5
197
131
116
59
17
1° y 2°
6
460
313
264
66
18
5
215
173
152
71
19
2
73
48
35
48
20
4
130
132
107
82
21
3
203
150
113
65
22
3
90
74
58
64
23
4
146
93
77
53
24
3
100
90
70
70

Suma…


85

4283

3332

2711

65
Fuente: CAPELO, Joaquín. Sociología de Lima. Lima: La Industria, 1902a. p. 88.

Los niños de la escuela primaria en Lima, a inicios del siglo XX, estudiaban un sinfín de materias teóricas mal enseñadas y «más de la mitad de los niños crecen como hongos sin aprender siquiera a leer». A criterio de Capelo, lo esencial era leer, escribir y contar. La escuela no preparaba ciudadanos útiles para la sociedad pues no existía el trabajo manual remunerado ni paseos instructivos a jardines botánicos y museos. Esto quiere decir, que los niños permanecían mucho tiempo en la escuela, «sentados en salones insalubres, húmedos y oscuros…». Los maestros o preceptores tenían un sueldo de «pordiosero», tenían a su cargo un gran número de estudiante lo que hacía difícil su trabajo, los materiales de enseñanza con que trabajaban eran primitivos. Hasta este momento la educación primaria estaba a cargo de la Municipalidad de Lima, su gestión no era de lo más saludable. El alcalde de Lima[5] en su memoria del año 1901 dijo: «Mala fue la administración municipal de las escuelas, como es y será mala la administración del Consejo Escolar, porque una y otra descansan sobre bases malas».[6] Así era la escuela primaria pública en Lima.

Por otro lado, la escuela preparaba para el ingreso a las universidades y sobre todo en la elección de carreras liberales y no preparaba para la vida. Sobre este último punto, que concierne específicamente a la enseñanza media, es necesario remitirnos a Manuel Vicente Villarán y a Alejandro Deustua, de alguna forma fueron ellos los que sembraron el interés y preocupación por una Reforma de la Educación Secundaria. 

En 1900, Manuel Vicente Villarán[7] pronunció un discurso en la inauguración del año académico en la Universidad de San Marcos titulado Las profesiones liberales en el Perú. En ella proclamaba que la ciencia era la única fórmula para alcanzar el progreso, que la escuela debía sembrar el espíritu científico, dejar de lado el verbalismo, lo abstracto, todo ello basado en un sistema tradicional y alejar la ambición de los jóvenes por las profesiones liberales y la literatura. La escuela también debía estimular el trabajo, la industria y el comercio pues a su criterio no había quien enseñe a la labrar la tierra, a explotar la selva, a comerciar y a fabricar, es decir era necesario aprovechar con criterio la riqueza natural para beneficio del Perú.[8]

Alejandro Deustua[9] quien ha sido considerado como el promotor de la Reforma de 1902, había elaborado un estudio en 1900 denominado El Problema de la Educación, en ella daba cuenta de los defectos que tenía la instrucción secundaria. Estos eran: la tendencia casi exclusiva de la juventud a seguir las profesiones liberales; el carácter preparatorio de los colegios que favorecía esa tendencia; la dispersión de los alumnos en el tercer año de enseñanza, con una cultura fragmentaria completamente inútil; el mantenimiento de tres años de estudios superiores para un reducido número de alumnos, que algunas veces no llegaban al sexto año en los colegios de provincia; la insuficiencia absoluta de los colegios para la cultura de la clase media sacrificada a la superior; la enseñanza verbalista, aun en las materias científicas, que hacia estéril toda la vida escolar y la insuficiencia del número de maestros para atender a todos los cursos de los seis años.[10]

Desde 1876, fecha cuando apareció un reglamento preciso, completo y novedoso en sus planes hasta 1902 en el Perú habia primado una educación de tipo francés. La de 1876 fue la primera de imitación científica, aunque excesiva y verbal, donde predominaba el enciclopedismo, era una reforma adecuada para la realidad peruana pero hacía falta preparar más a los profesores. Es decir, antes de 1876 la nuestra era una educación «débil y superficial» y después paso a ser «integral y enciclopédica».[11]

2. La Reforma de 1902

A inicios del siglo XX, el Estado peruano emprendió la gran tarea de reformar la educación pública. Así se aplicó en breve tiempo un reglamento en 1901. Según Deustua esta norma tenía los siguientes objetivos: 1° dirigir el mayor número de jóvenes hacia la industria y el comercio; 2° modificar el formalismo de la inteligencia nacional con el conocimiento científico de la realidad; 3° impedir que por vanidad, por habito o por simples prejuicios sociales, los jóvenes de poco vuelo penetrasen en los estudios facultativos para fracasar en ellos ó hacer un uso nocivo de sus conocimientos; 4° completar la educación deficiente de los colegios con estudios filosóficos, históricos, sociales y estéticos elevados, que permitiesen á los más selectos llegar á las alturas á donde deben llegar los hombres destinados á manejar los intereses nacionales.[12] Si bien, para 1901 los intereses eran los mismos que en 1902, cierto es que existía un profundo arraigo aristocrático. No es difícil pensar que este reglamento no se cumplió. Para 1902 se desecharon y se implementaron otros artículos. 

La ley de 1902 estaba inspirada en el modelo anglosajón de Instrucción Pública de los Estados Unidos y promovía un espíritu renovador, científico y democrático. Así se llevó a cabo los debates en el parlamento peruano. El debate se centró en la Segunda Enseñanza pues allí había artículos que demandaban un mayor tiempo para su aprobación. Se había resuelto debatir en base a los once artículos que tenía el reglamento: Los cursos que se dictarían serían idiomas y literatura, historia, geografía, ciencias físicas, matemáticas, ciencias naturales, caligrafía, dibujo, música y ejercicios físicos. La enseñanza de esos cursos sería de cuatro años, y no de cinco, por ello sería elemental y con un sentido práctico y se aplicaría una sección destinada a la enseñanza comercial e industrial. En la cámara Diputados la Comisión de Instrucción estaba compuesta por Antonio Miro Quesada, M. J Porras- J. Fernando Gnzanni y R. Goyburu.[13]

En el Senado, se debatieron cada uno de los artículos, aquí nos interesa los referentes al tiempo de duración de la enseñanza media, sus fines y los cursos a estudiar. Por ejemplo, el artículo sobre la reducción a cuatro años de estudios. Francisco García Calderón Rey hizo toda una explicación de por qué la reducción de años no era adecuada, de las dificultades que encontrarían por no estar bien preparados y decía que «no se ahorra tiempo con este proyecto»,[14] pues había que contar los «dos años de instrucción primaria en los colegios de instrucción media, y cuatro años de Instrucción media son seis, dos años en una de las Facultades de ciencias o letras son ocho; luego el tiempo de estudios en la universidad que pueden ser cinco o siete»,[15] esto haría un total de quince años de estudio que para otro de los senadores como Almenara Butler «no queda más que el trabajo obligado para el sostenimiento de la familia, perdiendo toda energía para las grandes concepciones e inventos».[16]

Uno de los defensores de esta nueva reforma fue Joaquín Capelo, quien iba mucho más allá en sus declaraciones, sabía que la Reforma «no le pone remedio a ese mal», más bien creía que para aceptar una reforma así la trajeran los extranjeros sería rechazada pues primero se antepondrían los hábitos, costumbres, intereses personales que están primeros que los interés públicos. Así expresaba: «Colocar al hombre en la condición de vivir quince años como parasito de su familia y de la sociedad, incapaz de ganar un centavo por el trabajo, es lanzarlo a la sociedad como un parasito; porque no sabe ganarse la vida por el trabajo».[17]

La Reforma contemplaba que el programa de estudios para ser desarrollados en cuatro años estaría a cargo de los profesores de cada colegio y su aplicación se daría luego de pasar por un examen y aprobación del Consejo Superior de Instrucción Pública. Aun así, en el Senado había preocupación pues cómo se podría reducir en cuatro años materias como Ciencias Matemáticas o Ciencias Físicas. Esta parte del debate es importante para establecer uno de los factores del fracaso de la ley de 1902 que veremos más adelante. García Calderón, decía al respecto que no «hay medio en las ciencias matemáticas» ni tampoco se podría dividir elementos de la práctica en la enseñanza de las ciencias matemáticas como se pretendía estudiar, enseguida el señor Presidente de la Cámara de Senadores aseguró que sí se podía enseñar «por medida» o «por metros» cualquier materia. Así expresaba: «No creo, pues conveniente que aun cuando se diga que debe ser elemental la instrucción se enseñe en los colegios química y botánica».[18] Capelo, respondiendo a García Calderón, aseguraba que mejor estaría decir matemáticas y físicas «porque esto de las ciencias le dá cierta autoridad que sería mejor quitársela».[19]

La Reforma de 1902, establecía dos ciclos uno de cuatro años y el otro de preparación llamada escuela intermedia, los dos de una preparación en cultura general. El primero, es propiamente dicho la escuela primaria o primera enseñanza, en ella el alumno aprendía los fenómenos más importantes, es decir una cultura real. El segundo, tenía como fin ampliar la cultura real y formal, además de familiarizar al estudiante con el método científico. Este último ciclo era el cimiento de la enseñanza media. 

La escuela secundaria, según como la habían pensado en 1902, tenía como propósito ser una escuela para la clase media, con una sección de enseñanza técnica donde los conocimientos adquiridos en los dos ciclos anteriores se integrasen con los conocimientos de la vida industrial y comercial. Así los fines que perseguía esta ley fueron: reducir la tendencia de los jóvenes por las profesiones liberales o aristocráticas, formar a la clase media que se dedica al comercio y la industria en cultura general, hacer independiente la escuela secundaria, mejorar la calidad de enseñanza de los profesores de enseñanza media, brindar a los alumnos desertores una enseñanza completa y útil en cuatro años, dar a los alumnos de las universidades una cultura general superior que no aprendieron en los colegios, favorecer la educación de la clase dirigente, motivar a más jóvenes por la vida universitaria, educar en valores y unidad de pensamiento a los destinados a la vida pública, capaces de anteponer los intereses públicos que los particulares, entre otros.[20]

La Ley de Instrucción Pública fue publicada el 7 de enero de 1902 y los primeros pronunciamientos llegarían después de dos años de su aplicación, los suficientes para darse cuenta de sus logros o fracasos. Por ejemplo, El Comercio en el año de 1904 en su editorial hacía notar los errores en que caían aquellos que se habían inclinado por criticar por entero la ley y plantear una nueva reforma que contemple cinco años y no cuatro de la enseñanza media incluido el estudio del latín. En efecto decía: «Es de esperar, por lo demás, que, sea cual fuere el resultado á que arriben las cámaras en materia de reforma de instrucción, no se cometa el error de prolongar por un año más los estudios secundarios en el Perú, con el propósito principal, á lo que parece, de haber nuevamente posible la enseñanza del latín. En los tiempos actuales hay demasiadas cosas útiles que aprender en el mundo, para que se obligue á los jóvenes á malgastar los años que pasan en el colegio en trabar conocimiento imperfecto é innecesario con una lengua muerta, que para nada ha de servirles».[21]

Los detractores de la ley de 1902 proclamaban la excelencia de colegios alemanes, austriacos, franceses, belgas e ingleses donde la educación de los jóvenes en etapa escolar se hace en mayor tiempo. Según la editorial, este argumento no es del todo correcto puesto que se olvidaban que en algunos de estos países la educación secundaria comprendía la educación primaria, también olvidaban referirse a los colegios norteamericanos donde el tiempo que se dedica a la enseñanza secundaria, es relativamente corto.[22]

Francisco García Calderón,[23] creyó en el espíritu que encarnaba la ley de 1902 y no estaba de acuerdo en aceptar otra reforma cuando la que existe todavía no había dado los resultados esperados. Para García Calderón, una nueva ley que «se anuncia otra tentativa renovadora y radical» no hacía más que generar caos e inestabilidad a nuestra legislación. En efecto decía: «Hay que reaccionar contra esa tendencia hereditaria, y si se dio una ley ó un código, dejar que la experiencia larga y paciente lo combata ó lo afirme, que el señorío de la rutina llegue á ser domeñado por la orientación nueva; y que la vida nacional no sufra con los choques, con las palpitaciones, con la temible inseguridad que producen las leyes acumuladas».[24]

Son dos aspectos de la Reforma de 1902 los que merecen mayor atención y análisis. La primera la concerniente a la disminución de seis años a cuatro años de la enseñanza media y la incorporación de dos años de estudios preparatorios en las facultades de Letras y Ciencias. Para el primero de ellos era necesario reducir los programas y adaptarlos para los cuatro años. Pero «dominó el añejo impulso, los cursos no se redujeron, y se pretendió realizar el absurdo de enseñar en cuatro años lo que antes se enseñaba en seis con la misma extensión y los mismos programas». En el caso del segundo aspecto, resultaba importante para García Calderón que se mantuviera los dos años de la preparatoria, cuyo fin básico era el la formación de una «cultura profesional», es decir dotar de mayores elementos a los futuros profesionales para ejercer con suficiencia su actividad. Decía al respecto: «Somos un pueblo de doctores, decía yo en otra ocasión; y si lo somos, que al menos reine en esos cerebros no la formula escrita, la simple tradición intelectual, sino cierto espíritu desinteresado y noble, una cierta sintética y comparativa visión de las cosas que solo da la amplitud de la cultura».[25]

Ezequiel Burga, director del Colegio Nacional de Piura, en su memoria de 1903 manifestaba que se combatía a la ley porque la han mirado con ojos empíricos, sin penetrar en el concepto que ella sugiere sobre la enseñanza secundaria, ni en las relaciones que establece entre la Escuela, el Colegio y la Universidad, la solución estaba en reducir la segunda enseñanza a «una cultura general y sólida del espíritu, apoyada únicamente en verdades de carácter puramente científico». Si la ley, decía, no había dado sus verdaderos frutos era primero, porque los alumnos estaban mal preparados desde la primaria, segundo, por falta de programas adecuados conforme a la ley. Sostuvo que la ley no se estaba interpretando según su espíritu y prueba de ellos es que falta incorporar a la ley de un «carácter nacional». Por último, dejaba claro que la educación primaria o de primera enseñanza debía tener un carácter intuitivo, la secundaria un carácter científico y la superior un carácter filosófico.[26]

Según Deustua, la escuela secundaria no debía servir exclusivamente para el ingreso a la universidad. Una de las críticas que hacían a las autoridades vinculadas con la gestión de la educación «consistía en sostener que descuidábamos la vida práctica, entendiéndose por tal la actividad económica, y que necesitábamos, ante todo y sobre todo, ser ricos, con riqueza material, para ser fuertes con energía biológica».[27] Esta crítica se fundamentaba en que los estudios que sobre economía se impartían en las escuelas solo quedaban en «pura idea» y no servía para la vida práctica sino para alcanzar profesiones como abogado y médico. Para Deustua, la ley salió deformada del seno del Congreso, se eliminó el primer ciclo y se aumentaron el número de materias del segundo ciclo, una y otra vez rompiendo así su equilibrio. El gobierno encargó al Consejo Superior su ejecución, allí tampoco se le dio la mayor facilidad para su cumplimiento; los intereses particulares del Dr. Labarthe, profesor en pedagogía, se hicieron notar pues tenía un nuevo proyecto de reforma ya aprobado. Si bien en un discurso de apertura de estudios se pronunció a favor del régimen de cuatro años, «dejó que la ley tropezase con los obstáculos que le impusieron».[28]

Los profesores, tenían interés en que los alumnos permanezcan el mayor tiempo posible en las aulas. Capelo también denuncio en el Senado los intereses de algunos profesores cuando se discutía la reducción de cursos que habría que dictar. Así decía: «si aprobamos este proyecto de ley vamos á dejar vacantes multitud de empleos, dejando á muchas personas sin sueldos; por consiguiente, estos van á ser otros tantos factores contrarios á la ley, porque van á ser perjudicados».[29]

Otros críticos de la ley fueron los directores de colegio que creyeron rebajada su categoría al creer hacer caso a la creencia de que reducir la enseñanza a cuatro años, era convertir un Liceo en una escuela primaria superior.[30] Los directores de colegios particulares se opusieron porque la reforma atacaba directamente el interés pecuniario de esos colegios y era natural que estos se defendieran del ataque desprestigiando el nuevo plan de segunda enseñanza.

Las críticas más perjudiciales fueron las de los catedráticos de la Universidad, condenaron la reforma afirmando la deficiente preparación de los que ingresaban a las Facultades. Pero eso no era del todo cierto pues sí existieron numerosos alumnos que han aprobado los exámenes de ingreso. Deustua así expresaba: «La crítica de catedráticos ilustrados ha tenido así un doble efecto: el de acentuar la hostilidad a la reforma y el de desviar la atención de las verdaderas causas que se han opuesto a su aplicación benéfica, convirtiéndola en una que no explica la falta de preparación suficiente tan lamentada en varios tonos».[31]

Javier Prado,[32] en su memoria leída en la clausura del año universitario, el 25 de diciembre de 1915, sostuvo que era necesario aumentar a un año los estudios de la Segunda Enseñanza pues la reforma de 1902 no consiguió en la práctica los resultados favorables que se pensaban obtener. En su criterio se requería de profesores bien preparados para saber aplicar dicha reforma. Era consciente de lo que buscaba la reforma en cuanto que daba un carácter de cultura integral que unifica la instrucción superior en la Universidad.[33]

Algunos años después, José Carlos Mariátegui en Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, sostuvo que la ley de 1902 fue el primer paso de un cambio que asumió el Estado peruano, que antes había abandonado la educación para entregársela a los municipios, muestra de ello era la creación de la Escuela Normal de Preceptores. Pero también reconocía que los intelectuales vinculados a la ley no conocían los verdaderos problemas de la educación; por ello esta ley estaba impregnada de «prejuicios aristocráticos». Una reforma así - decía- «era coherente al embrionario desarrollo capitalista del país».[34]

Reflexiones finales

La Ley de Instrucción Pública, específicamente la Reforma de la Educación Secundaria de 1902, es la primera que quiso cambiar los verdaderos problemas de la educación en el Perú. No fue concebida desde arriba, es decir desde la iniciativa del Estado, sino más bien de la preocupación de quienes vivían todo el día los fracasos de la escuela. Los intelectuales del país fueron los primeros en preocuparse por ella. Allí están Villarán, Deustua y Capelo, por citar algunos de los más importantes.

Reclamar una enseñanza «elemental y práctica», que era el lema de la Reforma, sintonizaba con el desarrollo que vivía el mundo y el Perú no era ajeno a ello. El mundo capitalista se asomaba con fuerza y había que estar preparados. No saldríamos del atraso, sino formábamos hombres que se dedicaran a desarrollar la riqueza natural y transformarla en riqueza material. Así se incorpora en la educación secundaria la enseñanza industrial cuya función principal era la de dotar de cultura general a la clase media. Por otro lado, los diversos cuestionamientos que presentó la ley de 1902, fueron porque no se consiguieron los resultados esperados en el corto plazo. El factor tiempo jugo un papel importante, pero más que eso, fueron las incoherencias de los políticos de entonces, pues se aplicaron los mismos métodos pedagógicos del régimen de seis años para el de cuatro, se mantuvo la enseñanza libresca, entre otros. Es decir, las causas reales estaban en la desorganzación política y social que vivía el país.

Repositorios

Biblioteca Nacional del Perú.
Fondo Reservado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.




[1] El presente texto fue presentado como ponencia en el XVIII Coloquio Internacional Interdisciplinario de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Federico Villareal, Lima, noviembre de 2013.
[2] Senador por Jauja, catedrático sanmarquino y a partir de 1909 presidente de la Asociación Pro-Indígena.
[3] CAPELO, Joaquín. Sociología de Lima. Lima: La Industria, 1902. p. 89.
[4] CONTRERAS, Carlos. Maestros, mistis y campesinos en el Perú rural del siglo XX. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1996. p. 11.
[5] Federico Elguera fue alcalde de Lima entre 1901 y 1908.
[6] CAPELO, op. cit., p. 90-94.
[7] Jurista, catedrático y político.
[8] VILLARÁN, Manuel Vicente. Las profesiones liberales en el Perú. Lima: Imprenta La Industria, 1900.
[9] Catedrático sanmarquino y miembro del Partido Civil.
[10] DEUSTUA, Alejandro. La Reforma de la Segunda Enseñanza. (S/c): (S/e), (1916?). p. 9.
[11] GARCÍA CALDERÓN, Francisco. El Perú Contemporáneo. Lima: Banco Internacional del Perú, 1981 [1907]. p. 218.
[12] De la instrucción pública en el Perú. La mala condición actual de la enseñanza secundaria a través de las informaciones de los jurados oficiales de 1914. La Prensa, 29 de abril 1915.
[13] Diario de los Debates de la H. Cámara de senadores. Lima: Imprenta de «El Comercio». Editor José Ramos Sánchez, 1901. p. 152-153.
[14] Ibídem, p. 158.
[15] Ibídem, p. 158.
[16] Ibídem, p. 155.
[17] Ibídem, p. 159.
[18] Ibídem, p. 164.
[19] Ibídem, p. 164.
[20] Ibídem, p. 13-15.
[21] El Comercio. La Reforma de la Segunda enseñanza. En: COLECCIÓN DE FOLLETOS ANTIGUOS. La Reforma de la segunda enseñanza y la ley de 1902: opiniones y estudios. Lima: Imprenta La Industria, 1904. p. 3.
[22] Ibídem, p. 4.
[23] Uno de los más notorios representantes de la generación del 900 y miembro de la oligarquía limeña.
[24] GARCÍA CALDERÓN, op. cit., p. 6.
[25] GARCÍA CALDERÓN, op. cit., p. 6
[26] COLECCIÓN DE FOLLETOS ANTIGUOS. La Reforma de la segunda enseñanza y la ley de 1902: opiniones y estudios. Lima: Imprenta La Industria, 1904.
[27] DEUSTUA, op. cit., p. 9.
[28] DEUSTUA, op. cit., p. 16.
[29] Diario de los Debates, ob cit., p. 164.
[30] Esta idea fue propagada por el Director belga del Colegio de Guadalupe.
[31] DEUSTUA, op. cit., p. 19.
[32] Escritor, diplomático y catedrático sanmarquino.
[33] Prado, Javier. El Problema de la Enseñanza. Lima: Imp. E. Moreno, 1915. p. 78-81.
[34] Mariátegui, José Carlos. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta, 1973 [1928]. p. 100-101. 

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